
Cómo Vencer el Miedo a las Alturas: La Tirolesa
Por: Sonia Rivas
viernes, 18 de julio de 2008
Desde siempre volar ha sido el gran sueño del hombre, a veces hasta fantaseamos con ello. Pensamos en la posibilidad de hacerlo rápido o lento, a gran altura y descender, sentir el viento debajo de nuestras alas, pasear entre las copas de los árboles y bajar la mirada para observar un nido o seguir la corriente de un río.La Bahía de Banderas es de las más bonitas que existen, con montañas repletas de árboles altísimos, cascadas, ríos y gran variedad de especies animales que conviven con visitantes y locales. Con semejante escenario y la ilusión de verlo desde lo alto, la posibilidad de practicar una actividad que hiciera esto realidad, fue para mí una decisión inmediata, a pesar de mi acrofobia nunca antes comprobada. Ahí estaba: La Tirolesa.
La técnica de la Tirolesa y el equipo empleado en ella es similar al usado en la inmersión en cuevas, pero las poleas se usan en cables guías horizontales. La aventura inicia con una detallada demostración de seguridad por parte de los guías, quienes además explican paso a paso el recorrido y colocan a cada uno un arnés de escalada profesional. Luego, se hace una caminata por la selva, donde pueden verse orquídeas exóticas, árboles de cacao, agave y vainas de vainilla; nidos colgantes de termitas, iguanas, pericos e innumerables aves tropicales.
Subimos a la primera plataforma y entre el debate entre Prudencia vs. Miedo, ganó la curiosidad, y ya con un pie en el aire no hubo vuelta atrás. Las primeras "líneas" como se les llama, son de práctica y para adquirir confianza. Los cables de deslizamiento están diseñados para llevarte gradualmente más alto y más rápido. A medida que se suman los tramos, también lo hacen las emociones, ya que cada recorrido cuenta con características particulares y lo que desde el suelo nos es privado, estando en las alturas acaricia nuestros pies.
Para quienes se pregunten si la fuerza los acompañará como a Luke Skywalker, les aseguro que sí, tanto física como mentalmente. Con la adrenalina a niveles pocas veces exaltada, lo único que se piensa es cuántos temores más se pueden llegar a vencer si se les enfrenta con decisión: que la altura, que la velocidad, que los animales, que la tierra, que el polen o las alergias. Todo, absolutamente todo se opaca ante el torrente de sensaciones al estar volando sobre la copa de los árboles.
A mitad del recorrido, cuando uno quiere más, mirando a mis camaradas me doy cuenta de que a mayor peso, es más fácil llegar a la próxima plataforma. En mi caso, me encontraba por debajo de los 50 kilos (es por ello que se recomienda esta actividad a mayores de 7 años), deslizándome emocionada por la pendiente como una libélula en su primer vuelo, cuando a poquísimos metros de la llegada, quedé suspendida en el aire, ni para atrás ni para adelante, oscilando feliz (el miedo había quedado líneas atrás).
Y ahí va uno de nuestros guías, como príncipe en polea, con toda la voluntad y simpatía del mundo, a rescatar al insecto muerto de risa y de pena, los compañeros de aventura aplaudían la hazaña de nuestros guardianes, cuya técnica de salvación consiste en colgarse sobre la espalda a "la rezagada", quien debe enroscar las piernas en la cintura de su bienhechor, que con la fuerza de Tarzán, se desliza primero con una mano y luego con la otra, hasta llegar a la meta en medio de bromas de los amigos y aullidos de monos que se exaltaron con el alboroto.
Si esto pareciera arriesgado, no lo es, ya que el personal que acompaña en todo el recorrido es conocedor de las situaciones que pudieran presentarse y saben resolverlas con toda seguridad y calma, inclusive con humor.De nuevo, sintiéndome casi un ave, recordé esos documentales que lo dejan a uno sin aliento, pero esta vez evidenciando en carne propia la perspectiva que investigadores, camarógrafos o fotógrafos pueden presumir, deseando incluso tener un trabajo así.
Finalizando el tour, luego de unas refrescantes bebidas a la salud de nuestro valor y un chapuzón en el río que ahora vemos desde la perspectiva de cualquier otro mortal, regresamos a la zona romántica de Puerto Vallarta sin dejar de hablar de nuestra experiencia durante casi 3 días, cuando tomamos la embarcación que nos llevaría a ver a las ballenas... pero esa es otra historia.