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Los estados de Chihuahua y Durango son el hogar de los indígenas tarahumaras, o rarámuris como se llaman a sí mismos. Rarámuri proviene de las raíces rara (pie) y muri (correr). Su nombre significa "pies ligeros" o "pie corredor". Fuera y dentro del ambiente deportivo, los rarámuris son conocidos mundialmente por su capacidad sicológica y fisiológica para recorrer grandes distancias.
Los tarahumaras habitan en la Sierra Madre Occidental que atraviesa el estado de Chihuahua y el suroeste del estado de Durango en México; es una cadena montañosa de 60.000 km2 con elevaciones entre 2000 y 3000 metros sobre le nivel del mar. Este factor geográfico da a los tarahumaras un área de práctica idónea para el ejercicio aeróbico y de altura. El entrenamiento es la vida cotidiana, ejemplo de ello es que desde niños acostumbran a correr al cuidar los rebaños de cabras, ovejas o vacas, o cuando visitan a alguien y tienen que cubrir largos tramos.
Es el sueño de todo joven rarámuri convertirse en un gran corredor; "para vivir hay que ser resistente", "el que no aguanta, no vale", son frases que acompañan al rarámuri desde su nacimiento. De complexión delgada, vigorosa y proporcionada, están perfectamente adaptados sicológica y físicamente para resistir grandes esfuerzos y sacrificios sin mostrar queja alguna. Como dicta la costumbre tarahumara y desde hace centenares de años, hombres y mujeres corren día y noche, ininterrumpidamente, por terrenos abruptos y recorriendo distancias que superan los 200 kilómetros.
Hoy en día, la carrera tradicional se lleva a cabo de dos formas: los hombres corren con una bola o rarajípari, fabricada con raíz de maderas duras, misma que es lanzada al aire con el pie para posteriormente llegar hasta ella y volver a patearla. Las mujeres por su parte, corren con una ariweta o anillo hecho con varillas vegetales que es enganchado con un palo de punta curva con el cual se arroja al aire, se corre al lugar en que cayó y se recoge, continuando esta mecánica sucesivamente. El juego está tan enraizado, que algunos dicen que "hay que estar loco para correr sin bola o anillo".
Las carreras pueden ser largas, medianas o cortas, dependiendo de la duración y del monto de las apuestas. Las carreras largas, que pueden llegar a durar más de 20 horas, se conciertan con meses de antelación y generan mucha expectativa; a ellas asisten entusiastas de diversas comunidades que apuestan pieles, animales, dinero, telas, cobijas, collares y otros artículos. En las carreras de media distancia, se recorren entre 40 ó 50 kilómetros. En las carreras cortas, que generalmente tienen una función lúdica, participan vecinos de la misma comunidad y son de hasta 10 kilómetros.
Existe un sinfín de historias que ejemplifican la excepcional entereza metal y física de los rarámuris. Durante las olimpiadas de 1928 en Holanda, dos hombres tarahumaras compitieron en la prueba de maratón, obteniendo posiciones nada favorables (lugares número 32 y 35). Al término de la carrera, la historia cuenta que ambos corredores se quejaron con los jueces arduamente, pues según ellos, la carrera había sido demasiado corta.
Otra historia relata que en los años 20’s el comité organizador de un maratón en el estado de Kansas, USA, hizo una invitación para que participaran los legendarios corredores tarahumaras. Al evento asistieron sólo tres mujeres rarámuris. Al término de la carrera, dos de las competidoras obtuvieron excelentes posiciones; sin embargo, la tercera quedó en un nada satisfactorio lugar para la expectativa que estas corredoras habían generado durante el maratón. Los organizadores enviaron una carta de agradecimiento a la comunidad tarahumara por la participación de las tres competidoras. En esta misiva, las autoridades del evento cuestionaron el por qué se había enviado sólo a mujeres a competir y el por qué del bajo rendimiento de una de ellas. Las autoridades tarahumaras respondieron agradeciendo la invitación a dicho evento y comentando que "una carrera de tan sólo 42 kilómetros es sólo digna de participación femenina".
Es así como la capacidad de resistencia y dureza física de los tarahumaras o rarámuris son reconocidas desde hace muchas décadas, haciendo que la leyenda de los corredores rarámuris tenga un lugar especial dentro y fuera del ámbito deportivo nacional e internacional.
Los tarahumaras habitan en la Sierra Madre Occidental que atraviesa el estado de Chihuahua y el suroeste del estado de Durango en México; es una cadena montañosa de 60.000 km2 con elevaciones entre 2000 y 3000 metros sobre le nivel del mar. Este factor geográfico da a los tarahumaras un área de práctica idónea para el ejercicio aeróbico y de altura. El entrenamiento es la vida cotidiana, ejemplo de ello es que desde niños acostumbran a correr al cuidar los rebaños de cabras, ovejas o vacas, o cuando visitan a alguien y tienen que cubrir largos tramos.
Es el sueño de todo joven rarámuri convertirse en un gran corredor; "para vivir hay que ser resistente", "el que no aguanta, no vale", son frases que acompañan al rarámuri desde su nacimiento. De complexión delgada, vigorosa y proporcionada, están perfectamente adaptados sicológica y físicamente para resistir grandes esfuerzos y sacrificios sin mostrar queja alguna. Como dicta la costumbre tarahumara y desde hace centenares de años, hombres y mujeres corren día y noche, ininterrumpidamente, por terrenos abruptos y recorriendo distancias que superan los 200 kilómetros.
Hoy en día, la carrera tradicional se lleva a cabo de dos formas: los hombres corren con una bola o rarajípari, fabricada con raíz de maderas duras, misma que es lanzada al aire con el pie para posteriormente llegar hasta ella y volver a patearla. Las mujeres por su parte, corren con una ariweta o anillo hecho con varillas vegetales que es enganchado con un palo de punta curva con el cual se arroja al aire, se corre al lugar en que cayó y se recoge, continuando esta mecánica sucesivamente. El juego está tan enraizado, que algunos dicen que "hay que estar loco para correr sin bola o anillo".
Las carreras pueden ser largas, medianas o cortas, dependiendo de la duración y del monto de las apuestas. Las carreras largas, que pueden llegar a durar más de 20 horas, se conciertan con meses de antelación y generan mucha expectativa; a ellas asisten entusiastas de diversas comunidades que apuestan pieles, animales, dinero, telas, cobijas, collares y otros artículos. En las carreras de media distancia, se recorren entre 40 ó 50 kilómetros. En las carreras cortas, que generalmente tienen una función lúdica, participan vecinos de la misma comunidad y son de hasta 10 kilómetros.
Existe un sinfín de historias que ejemplifican la excepcional entereza metal y física de los rarámuris. Durante las olimpiadas de 1928 en Holanda, dos hombres tarahumaras compitieron en la prueba de maratón, obteniendo posiciones nada favorables (lugares número 32 y 35). Al término de la carrera, la historia cuenta que ambos corredores se quejaron con los jueces arduamente, pues según ellos, la carrera había sido demasiado corta.
Otra historia relata que en los años 20’s el comité organizador de un maratón en el estado de Kansas, USA, hizo una invitación para que participaran los legendarios corredores tarahumaras. Al evento asistieron sólo tres mujeres rarámuris. Al término de la carrera, dos de las competidoras obtuvieron excelentes posiciones; sin embargo, la tercera quedó en un nada satisfactorio lugar para la expectativa que estas corredoras habían generado durante el maratón. Los organizadores enviaron una carta de agradecimiento a la comunidad tarahumara por la participación de las tres competidoras. En esta misiva, las autoridades del evento cuestionaron el por qué se había enviado sólo a mujeres a competir y el por qué del bajo rendimiento de una de ellas. Las autoridades tarahumaras respondieron agradeciendo la invitación a dicho evento y comentando que "una carrera de tan sólo 42 kilómetros es sólo digna de participación femenina".Es así como la capacidad de resistencia y dureza física de los tarahumaras o rarámuris son reconocidas desde hace muchas décadas, haciendo que la leyenda de los corredores rarámuris tenga un lugar especial dentro y fuera del ámbito deportivo nacional e internacional.
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