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En el crepúsculo de una mañana de julio, desde el Cerro del Fortín que se encuentra en el corazón de Oaxaca, se escuchan instrumentos musicales que rompen con el silencio de la madrugada, inaugurando la Guelaguetza, celebración que tuviera sus inicios cuando en este mágico sitio las comunidades precolombinas de la región, como zapotecas y mixtecas, rendían tributo a su diosa del maíz Centéotl por una buena cosecha.Dicha costumbre, con la conquista de los españoles en 1521, tendría que haber desaparecido, pero para 1540, los monjes católicos, al observar que los indígenas continuaban con su adoración a Centéotl en los meses de verano, tuvieron que instituir estas festividades los dos lunes que sobrevienen a las efemérides de la Virgen del Carmen del 16 de julio, con el afán de disminuir el carácter pagano de esta tradición.
La Guelaguetza, como una conmemoración a la fusión cultural de indígenas y españoles, toma sus raíces de la palabra en zapoteco "guendalizaa", que significa “ofrenda compartida”, y que con el transcurso del tiempo se ha convertido en la fiesta más representativa del territorio de Oaxaca. Hoy en día, la Guelaguetza reúne a las 7 diferentes regiones etnolingüísticas que conforman el estado: Los Valles Centrales, La Sierra Juárez, La Cañada, Tuxtepec, La Mixteca, La Costa y el Istmo de Tehuantepec.
De esta manera, en la explanada del anfiteatro del Cerro del Fortín, se puede apreciar todo el colorido y la alegría de vestimentas autóctonas que se revelan en un interminable repertorio de bailes y espectáculos, tales como el de la Diosa Centéotl, las Chinas Oaxaqueñas, los Sones Mazatecos, los Jarabes Yalaltecos, el Jarabe Mixe, o el Fandango en San Antonino. También es posible admirar los Sones de Tehuantepec, el Jarabe Mixteco, el Jarabe Ejuteco, los Sones de Pochutla, los Jarabes y Chilenas de Sola de Vega, la Pinotepa Nacional y sus chilenas.
Como instancia, Flor de Piña es una de las representaciones que no puede faltar, donde las mujeres de Tuxtepec, cargan una piña en los hombros y hacen figuras con movimientos lentos y armoniosos. De igual manera, La Danza de la Pluma muestra un grupo de hombres de los valles centrales, que usando grandes tocados de plumas, danzan con energía. La contribución más importante del Istmo de Tehuantepec, son los trajes majestuosamente elaborados de las Tehuanas, que incluyen delicados huipiles en encajes y sus tradicionales tocados volantes. Al final de cada función, la lluvia de aplausos e intercambio de regalos que acontece entre los bailarines y la audiencia ha llegado a formar parte de la tradición.
Durante dos semanas estas representaciones artísticas se intercalan y repiten, dando la oportunidad de brillar a distintos aspectos culturales de la región, al igual que sus artesanías y la gastronomía oaxaqueña. En efecto, todas las poblaciones aledañas se engalanan con la feria del mezcal, conciertos de música clásica, carreras de ciclismo.Asimismo, el sábado anterior al Lunes del Cerro, a las 6:00 p.m, un desfile desde el templo de Santo Domingo al Zócalo de la ciudad de Oaxaca precede la fiesta de la Guelaguetza, donde la gente asiste a disfrutar el despliegue de trajes espectaculares y a conocer a los bailarines. El domingo se elige, de acuerdo a los conocimientos de sus raíces nativas, a la "diosa Centéotl", quien preside todos los eventos.
En la noche del primer lunes a las 8:00 p.m., se presenta la leyenda de Donaji, en un espectáculo impresionante con antorchas, contando la historia de la princesa zapoteca Donaji, quien se enamorara de un príncipe Nucano y que perdiera la vida en aras de ayudar a su pueblo. De esta manera se concluye la celebración de la Guelaguetza, que continuará el día próximo con un ramillete de bellas presentaciones que parecen retratar el sentimiento y los valores culturales de cada población participante.
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