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La Época Dorada de la Piratería en las Costas de México
Janine Dávila Madrid
Categoría: Cultura e Historia
Leyendas de los piratas del Caribe han cautivado la imaginación de numerosas generaciones con sus relatos de tesoros escondidos en islas remotas. Aunque esta imagen un poco estereotipada del pirata es producto de la influencia de las películas, en la vida real fueron hombres de profundos contrastes, ya que eran exploradores valientes y aventureros en busca de fortuna, pero al mismo tiempo eran crueles y despiadados, capaces de los actos más atroces y sanguinarios, a los que se les atribuyen numerosos ataques tanto a barcos en alta mar como a poblados costeños. Sin embargo, también conformaban sociedades organizadas que votaban para elegir a su líder, así como para la toma de decisiones importantes y vivían en una verdadera democracia.
La época dorada de la piratería duró del siglo XVI al XVIII, durante los tres siglos del dominio español en América. Como es sabido ya, España se dedicó a explotar los recursos naturales y minerales de lo que hoy es México, las islas del Caribe, Centro y Sudamérica, mismos que eran transportados a Europa a través de una conocida ruta marítima llamada la Ruta de Indias. Los barcos partían desde Veracruz y Cartagena de Indias y cruzaban el Océano Atlántico hasta España, haciendo escala en las islas del Caribe. Esto dio lugar a una clase de marineros aventureros llamados filibusteros, bucaneros, corsarios y piratas. Estos bandidos robaban y saqueaban valiosos cargamentos de oro y otras mercancías procedentes del Nuevo Mundo. La abundancia de islas en esta región representaba una oportunidad ideal para refugiarse y dedicarse a la piratería.
En aquel entonces, España, que era la supremacía mundial, contaba con la marina más grande del mundo, situación que le valió mucha rivalidad con los demás países europeos y propició la actividad corsaria auspiciada por las monarquías de Inglaterra, Holanda y Francia principalmente. Los corsarios eran marineros particulares que obtenían patentes de corso o permisos para capturar barcos enemigos y confiscar sus cargamentos. Estaban limitados en su acción por la patente, pudiendo sólo capturar barcos de determinados países y teniendo que compartir el botín o el rescate con el Estado, mientras que los piratas, bucaneros o filibusteros, podían atacar cualquier barco sin tener que rendir cuentas a nadie. Todas las potencias navales europeas empleaban a los corsarios para entorpecer el tráfico de sus rivales con las colonias de América, como complemento a su flota militar.
En algunos casos después de expirada la licencia o acabada la guerra, los corsarios volvían a actividades privadas como ricos burgueses e incluso eran condecorados. En Inglaterra existen monumentos a algunos corsarios, considerados héroes nacionales. El más famoso del siglo XVI fue sin duda, Francis Drake, insigne almirante, honrado por su reina en agradecimiento a los servicios prestados, y elevado al rango de sir. Era sobrino de otro pirata también ennoblecido por la reina, Sir John Hawkins, con quien asaltó Veracruz en 1568, cuando aún carecía de fortificaciones.
Durante el tiempo que duró la colonia, la ciudad de Veracruz fue escenario de diversos ataques de piratas, ya que era de gran importancia para los españoles por ser el sitio de partida para las naves que iban a España cargadas de oro, tesoros y mercancías. Para repeler los ataques, la ciudad fue amurallada y se construyeron una serie de fuertes y baluartes, destacándose el Fuerte de San Juan de Ulúa, completado en 1590. Hoy en día es un monumento histórico que alberga un museo que vale mucho la pena visitar.
Por otra parte, los bucaneros o filibusteros se dedicaron a sembrar el terror y la desolación a lo largo de las costas del Golfo de México y el Mar Caribe. Veracruz, Campeche, Tabasco y más tarde Bacalar en Quintana Roo, fueron víctimas de constantes saqueos, asaltos y asesinatos. En 1652, Bacalar fue arrasada por el cubano Diego ‘El Mulato’, causando el abandono casi total de la costa oriental de Quintana Roo. Los ataques de piratas europeos continuaron hasta el siglo XVIII, ya que intentaban controlar el tráfico del palo de tinte, razón por la cual se erigió el fuerte de San Felipe de Bacalar a orillas de la laguna. Actualmente el fuerte de San Felipe alberga un museo muy interesante donde se puede aprender sobre este periodo tan apasionante y enigmático de nuestra historia.
Asimismo, la posición privilegiada de Campeche en el Golfo de México, lo convirtió en el principal puerto de la península de Yucatán y en un blanco perfecto para los ataques de piratas como Francis Drake, John Hawkins, Laurens de Graff, ‘Lorenzillo’, Jean Lafitte y Henry Morgan, que intentaban robar los cargamentos del llamado palo de Campeche, producto autóctono de la región. Por esa razón, en 1651 de igual manera se puso en marcha la construcción de una serie de fortificaciones y se aumentó la flota guardacostas. Se erigieron una muralla de 2, 650 m de longitud que bordeaba la ciudad en forma de polígono, 6 frentes, 4 puertas y 8 baluartes, además de la construcción de los fuertes de San Miguel y San José El Alto en los alrededores de la ciudad.
Actualmente, el Centro Histórico de la Ciudad de Campeche es un reflejo del contexto de su pasado colonial con un alto nivel de conservación, integridad y homogeneidad en su arquitectura, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, además de ser un verdadero tesoro nacional.
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